7 mar. 2013

Hace un tiempo éramos dos extrañas que nos veíamos cuando volvíamos de regreso a casa,
por alguna razón, nuestros caminos se cruzaban. Ella tenía el pelo largo, bueno no tanto, hasta los hombros digamos, y unos semi-rulitos que casi ni se notaban porque acostumbraba a atarselo con una coleta azul. 
Íbamos al mismo colegio, y en las horas que lograba verla ella se veía muy feliz, y era muy social, pero por alguna razón cuando caminábamos de vuelta nunca la veía como tal, su estado de ánimo bajaba, y ella sacaba un cigarro y lo prendía con toda la paciencia del mundo. Mi reacción fue un poco fría, no me importó que fumara, pero imaginé que era por algún motivo en especial, no quería preguntar pero sabía que ella escondía algo. 
Al tiempo compartíamos más que un simple regreso a casa, contábamos historias totalmente ridículas, un día de esos tuve un quiebre como suelo tener varias veces, ella fue la única que pudo darse cuenta, e hizo la pregunta clave. Sentí que tenía que decírselo a alguien, y se lo dije. Ella pidió perdón por meterse en mi vida, y me dio un abrazado, nuestro único y primer contacto físico. Yo no podía ni hablar, me sentía devastada, y esa tarde cuando volvíamos ella caminaba  en silencio, con la cabeza agachada... no entendía muy bien qué era lo que realmente pasaba, yo era la que estaba mal, y ella simulaba serlo, no me cerraba nada. La llamé por su nombre y ella me dijo que no tenía que estar mal, y que todo iba a pasar, después de eso, volvió a encender otro cigarrillo, y volví a analizar la situación, de como sacaba el encendedor de su bolsillo, ponía el cigarro en su boca con suma delicadeza, y con su mano izquierda hacía reparo para que encendiera el cigarrillo, pude ver como su rostro se fruncía a dar la primer 'pitada' como me decía ella... y eso me hizo acordar instintivamente de por qué fumaba... 
A partir de ese momento, mi vida cambió, su relato con suma sinceridad hizo sentirme que estábamos solas en un mundo que a veces podía ponerse igual de feo. 
Me dijo que cuando ponía el cigarro en su boca ella sentía que era una obligación, por que ella no quería vivir más esta vida, quedé fría y creo que fue uno de los momentos que más me dolió en mi vida, una mezcla de cosas se me pasaron por la cabeza, y ella agachaba la cabeza, no podía quedarme con esa respuesta, ella me había ayudado a mí, como no podía hacer algo por ella? volví otra vez a insistir, me miró, largo un suspiro, colocó su cigarrillo una vez más y largo el humo, después de eso, recuperó su voz y me dijo que su problema era su existencia, que ella sentía que nadie la acompañaba, que siempre se encontraba en la lona, y que no sabía como explicarmelo pero que para ella era muy fuerte. Se arremangó su manga de la campera como nunca lo había hecho, y pude divisar unas cuantas lineas marcadas en su brazo... se me cortó la respiración, ahora estoy relatando esto con todo mi corazón, y una lágrima porque recuerdo absolutamente todo, para ser sincera, siempre me pareció una moda que se cortaran, pero, a los días cuando fue diciéndome más entendí lo que era su vida, también comprendí la depresión en la que vivimos los adolescentes, nuestros dramas existenciales, y como me sentía muchas veces...

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