30 ago. 2014

tren al Edén


Soy su seguidora número uno, trato de esconderme en su sombra aunque él no lo sepa, trato de siempre sentirme cerca.  Soy una comisura de su boca, porque siempre me gusta que sonría. Soy un libro de historias, porque su sabiduría junto a su filosofía es lo más importante que conocí. Soy su disco, el más reflexionador de todos, porque su alma florece en cada parte de mí. Y finalmente soy yo, porque él es parte del cuerpo de esta persona que narra, parte de todo lo que me abraza y reconforta. Parte de un mundo distinto a este, pero enmarcado a este mismo. Las circunstancias son tan iguales como estas, no vivimos en paz los trescientos sesenta y cinco días. Pero la gran mayoría somos ese gran número, entre ambos, no formamos parte de un vínculo capaz de vivir sin el otro, simplemente somos incapaces de ser dependiente del otro, o por lo menos va por mi cuenta. 
Nos lastimamos, nos duele, nos curamos y sanamos. Somos el mar y el cielo, somos la noche y la música, un candado y su llave, una especie de cuerpo que respira por sí solo. El mismo que muere sin el otro. 
El mar nos ahoga, y la noche nos deja ciegos, pero la situación toma una perspectiva mejor si es de a dos, no hay una soledad, hay dos, y dos manos unidas con una misma fuerza. Capaz de sostener el planeta entero. 


Quizás no siempre fuimos eso, o quizás la realidad nos golpeó ahora. O sólo tal vez estoy viviendo una mejor vida. Porque cada vida la inicia en un beso,
y entonces me da cientos de vidas nuevas, como oportunidades. Y no siento que vaya a trastabillar, la única razón, es porque cada vida envuelve con más fuerza a ésta. a la de hoy. 


Entonces... ¿Mi vida de hoy? es una de las mejores que tuve. 


Te amo.














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