13 ene. 2014

"Yo sé que algunas veces me equivoco demasiado.. yo sé que estás cansada de mirarme de costado...será cuestión de suerte que sigamos separados, quisiera encerrarte por mil noches por mil años.." Tarareaba una noche desvelada mientras el reflejo de la computadora fomentaba el vacío que habitaba en su ser.. Aquella emoción genuina y poco experimentada invadía su cuerpo y a cada una de sus extremidades sin poner resistencia alguna, arrasaba a toda velocidad, poniéndola en una situación vulnerable, casi llorosa. 
Sus amigos preguntan por ella y responde con un simple "bien" habla de su rara sensación, pero sabe que es sólo un sentimiento que puede comprender la única persona dueña de todo este enredo y por supuesto, ella misma. Pero a decir verdad, ella es la que se tortura, en una rotunda soledad de un domingo muy depresivo que en realidad, no va por ambas partes. Parece ser que es la frágil de un drama amoroso, es la dama de las angustias, y la típica mujer que llora, o extraña por mínima que sea la pista que suene.. puede verse en el espejo y autoconvencerse de que no le pasa nada se los aseguro, de reír como si fuese el último día si comparte el tiempo con alguien más, pero el resto de las horas en las que se desvela o despierta ocupa su tiempo en algo remotamente llamado maquinación, su cabeza quiere que pare pero es un impulso contra doscientos caballos de fuerza que emanen de sólo nombrarlo. 
Su nombre dispara doscientos recuerdos por minuto como si fuera una máquina multitareas, increíble pero cierto.
 Aquella espalda ancha que se angosta y calza perfecto a su contextura, los brazos delineados, su cuello totalmente recto digno de un hombre, y su cara perfectamente acentuada con un corte de pelo que adorna y no deja de llamar la atención, además de su nariz finamente detallada y sus labios finos que regalan la mejor sonrisa que ella pudiera contemplar como sus profundos ojos café, es en eso en lo que se reduce su mente, en aquella cintura de la que muchas veces fue rozada por sus manos, aquellos labios que le corresponden otro lugar de ahora en más que no es justamente la mejilla como hace tantos años lo fue... Si le preguntan diría que es un callejón sin salida en el que se encuentra, sin nada que distraiga su mente de aquella figura masculina que alguna vez estuvo cerca y que anhela con más fuerza que nunca que vuelva a ella. Puede que sepa que todavía le corresponde, pero los millones de kilómetros le pesan, y lo sabe mejor que nadie. Aquel pájaro buchón no hace más que retorcer sus emociones, de aumentar sus ganas de correr hasta donde esté, pasando por miles de ríos, y montañas. Su cuerpo se arma de lo único del resultado de su maquinación, de envidia, de nostalgía, anhelo y amor. Ana toca sus brazos con más ganas de llorar que nunca, arquea su espalda como si alguien estuviera allí atrás para sotenerla, aunque sabe bien que él no está. Le mata el calendario y sus números, Ana se tortura, pero Ana ama, ama de verdad

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