10 feb. 2013

Dos

Dos caminos se torcían, nadie sabe si para bien o para mal, pero se torcían. De tan rectos que iban de a poco terminaron siendo uno solo. Se llama casualidad, pero a mí me gustaría llamarlo 'destino'. Sí, destino. Destino que marcaba el camino de dos personas, destino que forjó sus amistades... 
Personas libres de todo amarre, personas que se encontraban alejadas de un lugar feliz, personas que se necesitaban. 
Que necesitaban ese enredo de manos, ese brazo rodeando su cuerpo sin ningún tipo de presión, esa coordinación de pies al caminar, ese mismo deseo de sentir el aroma del otro, de posar la cabeza en un lugar reconfortable, como cuando dormis en tu propia cama abrazando una almohada. Quizás uno lo necesitaba más que el otro, pero en fin, ambos lo necesitaban. 
Una mano totalmente diferente a las demás tomaba a la otra, dos miradas se encontraban en una complicidad única, pequeñas gotas caían, el aire húmedo hacía temblar sus cuerpos que obligaban a unirse cada vez más, a bajar los brazos y resignarse a sentir lo que tanto deseaban. Ella subía a su 'puntitas', él bajaba su cabeza, ambos se estremecían en un complemento poco visible para los demás. Ella sonreía, él la abrazaba. Su cabeza volaba a mil, sus preocupaciones desaparecían, su sonrisa era interminable, y sus labios temblaban en el choque de los otros, ella era feliz, ese pequeño contacto era algo reconfortable para ella. 

-Qué lindo arruinarse con vos...

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